sábado, 11 de marzo de 2017

DORMIS, EL REY DE LAS TINIEBLAS.

Julio César SÁNCHEZ GARCÍA
Fotos; cortesía Dormis.
Uno de los rudos que hizo su propia historia en el mundo de los costalazos de la Ciudad de Oaxaca fue  Dormis, el Rey de las Tinieblas, mismo que aprendió este rudo deporte en cada uno de los gimnasios que existían, de igual manera, de las enseñanzas de sus compañeros, que arriba del ring eran sus acérrimos enemigos, pero abajo, grandes personas.
Adrián Silva Ríos, es el nombre de quien le daba personaje a Dormis, quien inició su carrera luchistica como El Pentágono, y ya profesionalmente fue conocido como El Dormis, máscara que la perdió ante uno de los hijos de Pepe Cisneros en la Arena de Julio  “Relámpago” Gómez.
Sobre ella mencionó que tenía un compañero luchador El Olímpico, “era un rival pero que abajo del cuadrilátero éramos amigos y me dijo que me cambiara de nombre cuando se estaba haciendo cambio de licencias y accedí y buscamos en un libro de donde lo sacamos y diseñamos el equipo, lo mandé hacer y a debutar como Dormis, El Rey de las Tinieblas en una campal que se realizó en la Arena Bomberos, donde estuvieron Los Brazos, Estrellas Blancas, Soberbios y locales como el Indio Comanche, Relámpago Gómez, Richard Reyes, cuatro debutantes, Dormis, Lince Negro, Javi Acosta y Doctor Sima”.
Su primer contacto con la lucha libre fue cuando estuvo viviendo con sus tíos a temprana edad, los cuales eran muy aficionados a este deporte, sobre todo aquellas luchas que se realizaban en la Arena Oaxaca, y al llevarlo se abrió para él un mundo fantástico, de llaves, contrallaves, vuelos, máscaras, equipos, para después de dedicarse a otros deportes, se convenció que su mundo era precisamente en el pancracio.
A los 25 años es que decide entrenar, “todos los compañeros fueron mis maestros, pero al que reconozco que me dio el aventón para esto fue El Tawita, aunque también me enseñaron el indio Comanche, El Mastín, quienes me aventaron a lo grande”.
Recordó que los entrenamientos de antaño tenían todo lo necesario para que un luchador estuviera plenamente preparado para cualquier combate y ante quien fuera, “se entrenaba a conciencia, con gente preparada y muchas horas de gimnasio, era muy duro para el que empezaba, ya sabiendo pues ya va uno rolando, aventando al novato, pero así se empezaba”.
Sus primeras practicas los hacía en lo que era el rastro que se encontraba ubicado en la colonia Santa Anita, perteneciente a la agencia de San Juan Chapultepec, después en la colonia Dolores, donde contaba con una lona y entrenaba con otros 18 elementos, para lo cual jalaron al Indio Comanche, de ahí se pasó al gimnasio del Tawita que se ubicaba en lo que se conocía como Cartolandia, por la Escuela Secundaria 85, en la Unidad Habitacional del FOVISSTE.
Lo anterior, para que tuvieran el aprendizaje completo, porque ya tenían las bases de lucha a ras de lona, pero necesitaban saber sobre cuerdas, “entonces, como él tenía ring pues aprendimos a como revotar; de ahí nos fuimos con El Mastín que estaba en Nuño del Mercado y Miguel  Cabrera, que era donde vivía el señor y sus hijos, Flechador del Sol y Triangulo de la Muerte”.
Los entrenamientos de entonces duraban varias horas, por lo que los luchadores salían cansados, pero ya con las enseñanzas en la memoria, ya que al otro día tenían que repetir cada uno de los ejercicios aprendidos y aprender nuevos, además que se tenía que entrenar con todos los elementos que estaban en la lona.
“En ese tiempo había buenos luchadores, todos aprendíamos algo de cada uno de nosotros, compartíamos lo que sabíamos”, mencionó.
A Silva Ríos le tocó la suerte de participar en la inauguración de la Arena Azteca, la cual se encontraba en la calle de Nuño del Mercado, la cual era del Ángel Nazi, de ahí en la  reinauguración de la Arena  Bomberos, la Arena Bustamante y la Arena Oaxaca, que era donde todos los jóvenes luchadores aspiraban ser programados y era la más grande de la ciudad.
A lo largo de su carrera luchistica, tuvo como pareja al Caballero Negro, quien era su mejor compañero, amigo y pareja, y con el que daba tremendos enfrentamientos en contra de los técnicos, quienes probaban sus rudezas, “el que nos ponían era bueno para dar un buen espectáculo, pero uno de los que siempre tuve en la mira fue el Lince Negro, el cual  era un muchacho muy ágil y hacíamos muy buenos espectáculos”
Con su pareja en la ciudad de México lograron el campeonato ligero y con el Símbolo el ligero del estado.
En cuanto a cómo era  el pago por presentación, mencionó “empecé con el pie derecho, ya que por medio del Mastín conocí a Melitón Luna que era el promotor de la Arena San Francisco, en ese tiempo se iba a reinaugurar la Arena Bustamante y querían gente nueva, sabíamos de antemano que pagaban muy poco de a 50 o 100 pesos, pero yo empecé a ganar 300 pesos por lucha, y de ahí pal real, en especiales, nunca hice una primera o segunda, ya que estaba en la tercera o en la semifinal, gracias a Dios supe aprovechar el momento, más que nada el gimnasio, porque ahí se aprende todo  y sobre todo que diariamente se entrenaba, no de vez en cuando”.
Una de las luchas más sangrientas que tuvo fue con Lince Negro en la Arena Bustamante, “todos se asustaron porque en verdad estuvo buena la lucha, porque hasta se paraba el chorrito de sangre tanto en su frente como en la mía”.
En su vitrina de trofeos tiene  entre muchas, la del Mixteco que le ganó en Ocotlán de Morelos, “fueron varias pero no recuerdo los nombres de los luchadores, pero sí tuve la fortuna de ganar cabelleras”.
Los viajes que se hacían a otras plazas, eran inolvidables, “no había apoyo de nada, cada quien como podía se iba, por ejemplo, en Salina Cruz estaba la arena de don José, nos daba gusto viajar hasta allá, si no nos alcanzaba para el pasaje para llegar, nos cooperábamos, la cosa era ir y disfrutar el momento, ya que nos íbamos 15 días y nos programaban tres veces a la semana, y era muy bien pagado”.
Lamentó que en la actualidad ha decaído la lucha libre, “uno la agarra como deporte, al final  de cuentas es un trabajo que realiza uno, donde la gente paga para ir a verte, y a veces por el trabajo de uno, dependiendo a que se dedique, te quita mucho tiempo, no puedes ir a entrenar y así se van dejando dos o tres días y  a veces ya no va uno y va decayendo porque de repente en un gimnasio falta un elemento o dos, y a veces no se puede, aunque quiera uno, pero cuando se sale afuera a trabajar”.
Referente al espectáculo dijo que ha demeritado mucho, “hay de todo, pero en primer lugar debe de haber lucha a ras de lona y aérea, pero ahora nada más se dedican a lo aéreo y  se está decayendo más que nada, esto se debe más que nada al instructor que debe de enseñar cómo se empieza esto, darle las bases al novato para que éste aprenda bien no que nada más quieren estar volando y es donde se lastiman al no tener el conocimiento esencial, dos o tres semanas que entrenan y ya se van a las cuerdas, y en un descuido falla uno, y con un mal golpe ya no se hacen bien las cosas, le da miedo y a veces ya no regresan”.
Dejó de luchar en 1997 para dedicarse de lleno a su familia, trabajo, pero siempre con el gusto de la lucha libre, donde escribió parte de la historia de este deporte de los costalazos, el cual añora y disfruta, cada que en la comodidad de su sofá, disfruta viendo las fotografías que le traen gratos momentos a su existencia.
Aconsejó a los nuevos luchadores que se metan de lleno al gimnasio, “que le echen ganas porque es muy bonito este deporte, te sientes bien contigo mismo, te da gusto porque de ti depende que se divierta la gente, a eso vas, a que pasen un buen rato y se olviden de sus problemas, a eso van a una función de lucha libre, hay que dar un buen espectáculo, pero para ello la base es el gimnasio”.












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