sábado, 4 de marzo de 2017

LEOPARDOS, CON SANGRE RUDA.

Julio César SÁNCHEZ GARCÍA
Con ocho y siete  años de luchadores profesionales dos hermanos, rudos en toda la extensión de la palabra, Los Leopardos, con el carisma y el talento en la sangre, se han venido ganando a base de esfuerzo y dedicación un lugar dentro de la lucha libre oaxaqueña.
Ambos, coinciden en que la lucha es algo serio donde siempre están innovando sus presentaciones, vestuarios, trabajo arriba del cuadrilátero, “no queremos ser iguales a los demás sino estar haciendo nuestro propio estilo, cautivando a los niños, señores, señoras, y  que tengan ese gusanito de curiosidad de donde se van a presentar Los Leopardos”.
Y es que, cuidan su trabajo de tal manera, que cuando empiezan lo hacen, procuran no ofender al respetable, “siempre buscamos dar un espectáculo bonito, no hacemos siempre lo mismo, tratamos de variar, eso sí, le echamos muchas ganas a nuestro trabajo”.
Recordaron que en una de sus presentaciones en lo que fue la Arena La Mansión, “lo hicimos con fuego y eso fue del agrado del público, entonces, ya tenemos otra cosa que ofrecer al público, un espectáculo increíble, por eso, cada que subimos procuramos hacer algo distinto”.
La sangre de luchadores la traen de sus abuelos, “uno era técnico, El Halcón Azul que en paz descanse y el otro es Red Satán, por lo que yo, Leopardo Primero, empecé hace ocho años en la Arena Ray Alcántara y empecé a jalar a mi hermano para que empezará en este ambiente y de ahí seguimos”.
Leopardo Primero inició como Arcángel 2,208, “mi maestro fue Relámpago Gómez y  después empecé a subir como Efesios y cuando empezó a entrenar mi hermano, pues decidí hace mancuerna con él, a quien se le ocurrió el nombre de Los Leopardos y  es así como dejé mi anterior personaje y empiezo una nueva etapa”.
Aseguraron que su nombre ya está registrado, “hemos escuchado que existen otros Leopardos, pero pues creemos que la lucha libre es muy bonita y que no va a ver problema después, a lo mejor si surgiera uno, pues podríamos hacer una lucha por el nombre, estaría muy padre eso, para quitarle o agregarle algo al nombre”.
Lo que más les gusta de la lucha libre a esta pareja de rufianes es la gente, la emoción, “de cómo voltean a ver cómo va uno vestido, la forma de hacer las llaves de rendición, y sobre todo que al bajar del cuadrilátero nos pidan una fotografía, que nos aplauda la gente como muestra de que hicimos un buen trabajo, con eso nos damos por bien pagados y satisfechos”.
Los jóvenes se retroalimentan de lo que aprenden en cada uno de los gimnasios a los que acuden a entrenar, “los chavos de ahora llegan increíbles, parecen chapulines brincando y brincando y uno se queda con esa inquietud, nos  contagian y nos motivan a intentar lo que hacen ellos e incluso, sacar cosas nuevas, porque ya vienen nuevas generaciones, por lo que siempre nos tenemos que superar en el ambiente luchistico, sacar nuevas llaves, seguir practicando y consideramos que la mejor experiencia es entrenar con los compañeros, porque eso te hace mejor persona, luchador y se da un mejor espectáculo a la gente”.
Un dato curioso de este par de rudos es que cuando sus rivales les piden que apuesten sus máscaras, se lesionan, tal fue el caso del exótico Rasputín, “ya teníamos un pique con él y que se lesiona, lamentablemente se tuvo que posponer, con Mini  Zombie, iba apostar la cabellera y al otro día nos enteramos que se accidentó en su motocicleta, igual nos pasó con Saeta que también se accidentó, Montecristo, fue otro, así que les recomendamos a nuestros rivales que no nos apuesten máscaras ni cabelleras”.
Invitaron al público oaxaqueño a que asistan a las arenas de Oaxaca, “a cualquiera, no hay ninguna rivalidad, consuman lo local de lo que viene extranjero, creemos que los oaxaqueños tenemos mucho talento, sabemos dar un buen espectáculo y que mejor que nos apoyemos










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